La mítica cumbre del Aconcagua

Cada verano miles de personas se animan a convivir con la montaña con la ilusión de pisar el pico más alto del hemisferio sur. Alcanzar la emblemática cima de la Cordillera de los Andes implica días de riesgo, adrenalina y superación.

El Cerro Aconcagua –con 6.962 metros sobre el nivel del mar– se encuentra en la provincia de Mendoza, dentro del Parque Provincial que lleva el mismo nombre. Este monte es conocido como el “centinela de piedra”, por el significado de los términos Akon-Kahuak provenientes de la lengua quechua. Sin embargo, no está comprobado que este sea el verdadero significado del nombre, ya que en la lengua Aymara los vocablos Kon-Kawa quieren decir “monte nevado”. Al gigante rocoso con cima blanca que se impone en la Cordillera, cualquiera de los dos nombres le sientan bien.

Desafiante atracción
El primer andinista que hizo cumbre en el Aconcagua fue el suizo Mathias Zurbriggen, quien ascendió junto a un grupo en 1897. Desde ese día, aventureros de todos los continentes comparten el sueño de llegar al punto más alto de América. Cada temporada, desde mediados del mes de noviembre y hasta marzo, el cerro es visitado por unos cinco mil andinistas que hacen el camino más largo, con la esperanza de llegar a la cumbre.

Quienes desean ascender deben tramitar un permiso y tener una intensa preparación previa, ya que las condiciones desafían las fuerzas del cuerpo y la mente. En verano, las temperaturas oscilan entre los -2º, que se alcanzan durante la noche, y los 30º a los que se llega en pleno día. El viento es constante y puede tornarse violento a medida que se avanza. Los experimentados dicen que los aventureros pueden proponerse subir, pero es la montaña quien decide si van a poder alcanzar la cumbre.

Naturaleza
El Parque Provincial Cerro Aconcagua es uno de los tres parques de alta montaña que tiene Mendoza, junto al Volcán Tupungato y la Laguna del Diamante. Su biodiversidad no es muy abundante, pero es única. Al superar los 4 mil metros de altura, la vegetación desaparece de la vista y el suelo se vuelve rocoso. Los animales más vistos son los ratones de montaña, los guanacos y los zorros colorados, que también se concentran en las zonas bajas. En medio del paisaje árido se destacan más de 60 tipos de aves (las más típicas son el cóndor y el águila mora).

Caminos a la cumbre
El Aconcagua tiene más de 30 rutas de ascenso, con distintos niveles de dificultad. La vía más conocida es la normal, o noroeste, que no requiere técnicas de escalada sino un exigente trekking. La expedición, que se debe realizar en 15 o 16 días, comienza en Horcones, donde está el puesto de guardaparques (a 2950 m.s.n.m.). Los primeros días son de aclimatación, por eso se sugiere permanecer varias noches en el Campamento Base Plaza de Mulas (a 4370 m.s.n.m.). Allí comienza el camino que posee tres campamentos de altura para descansar. Desde la última parada se accede a la cumbre luego de unas cuatro horas de marcha, por eso se debe partir hacia la meta muy temprano, antes del amanecer.

Otras dos vías famosas, que solo son visitadas por andinistas experimentados son las llamadas Glaciar de los Polacos y Pared sur (o Francesa). Estos son los accesos a la cumbre que presentan más riesgos. Pero quienes ceden ante el magnetismo del Aconcagua saben que, si se superan los miedos e incomodidades, todo es belleza en la cumbre de América.

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