La flor del Ceibo, emblena nacional

La flor que fue declarada en 1942 como símbolo nacional no pasa desapercibida: con su color llamativo, el ceibo atrae colibríes y miradas.

Intensa y llamativa, la flor del Ceibo es la especie que representa a la Argentina desde 1942. Para obtener su título compitió con otros ejemplares de la flora autóctona, como la flor del jacarandá y la pasionaria. La elección fue realizada por medio de una serie de encuestas en las que participaron miles de habitantes de las diferentes zonas del país y contó con el asesoramiento de un grupo de científicos.

La iniciativa de tener una flor como símbolo nacional surgió en 1910 pero tardó más de 30 años en concretarse y tuvo muchas idas y vueltas: la primera consulta popular, que se hizo en 1928, obtuvo como ganadora a la magnolia, pero el resultado fue anulado porque no se trataba de una especie autóctona. El decreto que finalmente, en 1942, declaró al ceibo como emblema enumera como características destacadas de esta flor que se puede ver en una gran cantidad de regiones del país y cuyo color es similar al del gorro frigio que se halla en el escudo nacional. Además, el ceibo ha sido evocado en una gran cantidad de leyendas, canciones y poemas de todas las épocas de Argentina.

Cuando se anunció que se había convertido en un símbolo nacional, su popularidad creció aún más: en muchas escuelas se plantaron árboles al lado de la bandera y su figura comenzó a dibujarse en billetes de lotería y sellos.

Características
El ceibo es una especie leguminosa típica de Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú y Uruguay. Crece en zonas húmedas, como en las cercanías a los ríos, lagos y zonas pantanosas, y no soporta heladas ni climas fríos. En Argentina se encuentra principalmente en las provincias de Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero y en algunas zonas de Tucumán, Salta y Jujuy. Su nombre científico, Erythrina crista-galli, significa cresta de gallo roja y se debe al color y apariencia de sus flores, que crecen en forma de racimos. También se la conoce como seibo, bucaré, árbol del coral, pico de gallo, suñandí y, en Brasil, corticeira. Es un árbol mediano que generalmente mide 4 o 5 metros, aunque puede llegar a los 10 o 20 en algunos casos. Tiene un follaje verde caduco, es decir, que cae en otoño y renace en primavera. Su tronco es retorcido y su madera es blanca y blanda.

El árbol de la resistencia
Este hermoso árbol trae consigo una leyenda popular con un espíritu triste: la historia de Anahí, una joven originaria de América que deleitaba a todos con su canto hasta que fue capturada por los conquistadores que habían llegado a esta tierra. Según la leyenda, ella permaneció cautiva durante varios días hasta que, en un descuido de su guardián, logró escapar. Pero su libertad no duró mucho: al poco tiempo fue atrapada nuevamente por los colonizadores quienes decidieron que merecía la muerte en la hoguera. Los verdugos la ataron a un árbol y comenzaron el fuego, que parecía no querer alcanzar a Anahí. Poco a poco, las llamas fueron subiendo y convirtieron a la joven en un árbol verde con flores rojas. A pesar de la crudeza de la leyenda, los pueblos que la transmitieron no identificaban al ceibo con aspectos negativos, sino que lo tomaron como un símbolo de fortaleza y valentía.

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