Esteros del Iberá, naturaleza enigmática

La provincia de Corrientes guarda uno de los humedales más importantes del continente. Un lugar de magnética belleza al que los pobladores antiguos nombraron Iberá, que en lengua guaraní significa: “agua que brilla”.

Con la ayuda de una larga vara, el guía baqueano hace avanzar lentamente la embarcación entre las plantas acuáticas que cierran el paso. Aguapés e irupés de bellas flores, repollitos y lentejas de agua. El guía ha apagado el motor para poder contemplar a los animales de cerca, sin perturbarlos. La tranquilidad es absoluta. Los yacarés, inmóviles con sus enormes bocas abiertas, duermen largas siestas al sol. Los carpinchos asoman sus curiosas cabezas de grandes roedores por entre la vegetación. Un poco más allá, se divisa la cornamenta de un ciervo de los pantanos. El silencio sólo es interrumpido por el canto de los pájaros. Hay que estar muy atentos para detectarlos entre las ramas de los árboles y los altos pastizales, pero allí están: más de 350 especies de aves habitan estos humedales.

Los Esteros del Iberá son naturaleza en estado puro. Un ecosistema que abarca 1.300.000 hectáreas de la provincia de Corrientes, en el noreste de Argentina, y que permanece prácticamente inexplorado. El escaso contacto que este lugar mantiene con toda civilización humana lo vuelve encantador, enigmático.

Para recorrerlo, hay que trasladarse hasta Colonia Carlos Pellegrini, a orillas de la laguna Iberá, la segunda en importancia de todo el sistema. Y, si bien la Colonia Carlos Pellegrini es considerada el epicentro turístico de los Esteros, no hay que dejarse engañar por la grandilocuencia de la palabra: en verdad es un pequeño pueblo de calles de tierra y de gente amable, que en los últimos años ha desarrollado una actividad turística sustentable, en armonía con la naturaleza. Antes de que se creara la Reserva Natural Iberá, muchos de los pobladores locales vivían de la caza y comercialización de pieles y cueros animales. Hoy, las nuevas generaciones utilizan los conocimientos del terreno y de los comportamientos animales que han heredado de sus abuelos y tatarabuelos para oficiar de guardaparques y de guías especializados.

Exploradores de las aguas brillantes
Los Esteros del Iberá son una extensa área protegida. Aquí habitan yacarés negros y overos, a los que puede observarse tendidos al sol, en una absoluta inmovilidad. Un curioso hábito con el que logran regular su temperatura corporal. También hay aquí lobitos de río, una especie perteneciente a la familia de las nutrias, y carpinchos, los roedores más grandes que se conocen.

En tierra firme o en embalsados (tierras flotantes), se puede divisar al ciervo de los pantanos, el de mayor porte entre los cérvidos sudamericanos. Y también al solitario aguará guazú (“zorro grande”), el cánido de mayor tamaño de la Argentina, que se encuentra en peligro de extinción. Entre los pastizales, se pueden encontrar víboras yarará de potente veneno, culebras ñacaniñá y a las impactantes boas curiyú, que matan a sus presas con su poder de prensión. En las copas de los árboles, se oyen los aullidos de los monos carayá y los cantos de las numerosas especies de aves que surcan los cielos de estos humedales, entre ellas, el cardenal amarillo, el chinchero grande, el águila coronada, el cacholote castaño y el jabirú, por mencionar sólo algunas.

Una diversidad de fauna asombrosa está allí, aguardando el encuentro. La primera hora de la mañana y el atardecer son los momentos más propicios para la observación, ya que es cuando los animales despliegan mayor actividad. Una opción ineludible es internarse en las aguas a bordo de lanchas o canoas, conducidas por guías expertos, que saben moverse con sutileza e inteligencia y que pueden reconocer de inmediato, entre pastizales y embalsados, a las distintas especies de fauna autóctona para acercarse a ellas sigilosamente, sin espantarlas. Bajo el fuerte sol correntino, las aguas resplandecen entre las innumerables plantas flotantes. La navegación adquiere, poco a poco, un poder hipnótico.

Otra opción es emprender una caminata por los palmares y embalsados, siempre en compañía de guías especializados, para buscar a los animales de tierra y avistar aves. Y quienes se animen a la aventura, pueden además adentrarse a caballo en lugares de difícil acceso.

Fin del día en Iberá
Al atardecer, el Iberá se vuelve mágico. Contemplar la caída del sol a orillas de la laguna es una experiencia que ningún viajero debería perderse. Las aguas se tornan doradas, el horizonte se recorta en negro sobre un naranja furioso, las plantas acuáticas se mecen suavemente. Detrás, el pueblo se siente cada vez más pequeño. La naturaleza lo envuelve todo.

Al caer la noche, los zorros y zorrinos, el tatú y el gato montés se activan. Carpinchos, corzuelas, vizcachas y aves nocturnas se dejan ver bajo un cielo inmenso y estrellado. Para descubrir la cara noctámbula de los Esteros del Iberá, se realizan safaris nocturnos lacustres, caminatas y excursiones en 4×4.

Si bien los servicios turísticos han crecido en los últimos años, Colonia Carlos Pellegrini logra eludir a los contingentes multitudinarios y se ha convertido en un destino cada vez más elegido por los amantes de la naturaleza, exploradores de tierras incógnitas y de culturas auténticas. Al momento de pasar la noche, hay una oferta variada de alojamientos, que van desde el camping municipal a posadas de alta categoría. En todos los casos, la propuesta es estar en contacto, cercano y respetuoso, con el entorno. En los Esteros del Iberá, el viajero puede sentirse en sintonía íntima con la naturaleza.

 

Cómo llegar: desde la ciudad de Posadas, capital de la provincia de Misiones, parten servicios de tranfers privados que recorren unos 210 km. hasta llegar a Colonia Carlos Pellegrini. Hay vuelos regulares desde la ciudad de Buenos Aires al aeropuerto de Posadas. También se puede llegar desde la ciudad de Mercedes, provincia de Corrientes, a través de 120 km. de caminos de ripio que se hacen en vehículos 4×4 o en transporte público (con un único servicio diario). Durante este trayecto no hay estaciones de servicio ni señal de celular. Mercedes está a 815 km. de Buenos Aires y se accede a ella por vía terrestre.

Consejos: en invierno, llevar zapatos impermeables y mucho abrigo. El resto del año, pantalones livianos, repelentes para mosquitos, protector solar y sombrero.

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